ARN mensajero: cómo es la revolución que puede generar en la vacuna contra la gripe

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¿Dejará algo bueno la pesadilla pandémica del Covid? Hay quienes dicen que sí. Destacan la promesa de una nueva generación de vacunas, en particular, las de ARN mensajero, que podrían dar lugar a una revolución en el modo histórico de controlar una de las infecciones respiratorias más recurrente, cotidiana y, a su medida, letal: la gripe.

Quien habló de “revolución” fue Ricardo Rüttimann, infectólogo de la Fundación Centro de Estudios Infectológicos (FUNCEI) y miembro de la Comisión Nacional de Inmunizaciones (CoNaIn), en una charla con Clarín que por supuesto se centraba en el coronavirus.

Si bien esbozó que la influenza es un dolor de cabeza de alcance “mundial”, que se controla  con vacunación desde los años 40, enfatizó que la estrategia sanitaria, hoy, está “atascada”.

El médico planteó un paralelismo interesante. El volantazo desde las vacunas antigripales “clásicas” hacia otras modernas -como las de plataforma ARN mensajero- sería comparable a lo que pasa con la industria petrolera.

“Hace diez años sabemos que los autos eléctricos son el futuro. Sin embargo, la industria del petróleo, con toda su capacidad instalada, sus miles de empleados y fábricas, resisten el cambio”, afirmó.

Moderna y Pfizer, las dos vacunas contra el Covid de ARNm. Foto: AP

Laboratorios

Si la gripe debería importarnos es porque cada año (salvo que surja una pandemia de otra cosa…) enferma gravemente a entre 3 y 5 millones de personas. Y entre 290.000 y 650.000 mueren. Los datos son de la OMS. 

En Argentina, el último informe anual de Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud reportó que el 10% de las muertes de 2019 había sido por influenza o neumonía. Equivale a 32.541 decesos.

En cuanto a contabilizar las distintas líneas de vacunas antigripales que existen hoy, es una tarea muy difícil, habiendo laboratorios grandes, medianos, chicos y un número incalculable de microlaboratorios.

Para arrimar un número, por lo menos siete gigantes de la farmacéutica tienen (también “por lo menos”) unas 25 variantes de vacunas clásicas antigripales en el mercado.

Al menos siete laboratorios producen vacunas antigripales en el mundo. Foto: EFE

Tomando estos datos como base, la idea que se desprende de lo que dijo Rüttimann es que tamaña capacidad instalada (miles de fábricas, miles de empleados, millones de dosis circulando por el planeta) podría, no desmoronarse pero sí verse “tocada” por la aparición reciente de las ARNm.

Mutaciones

Pablo Bonvehí es jefe de Infectología del Cemic, miembro del comité científico de Fundación Vacunar y uno de los asesores del Gobierno frente a la pandemia. En una charla sobre este tema aseguró que este es el momento indicado para preocuparse por la influenza.

“No olvidemos lo que pasó en la pandemia de gripe A (N1H1) de 2009. La disponibilidad de vacunas fue recién al año siguiente”, recordó, antes de afirmar que “la ventaja que ofrecen hoy las vacunas ARN mensajero es que se pueden elaborar muy rápidamente”.

Es decir que si esa tecnología prosperara, “ante el surgimiento de una pandemia de gripe sería posible tener vacunas en forma mucho más rápida”.

¿Por qué?

Supongamos que es otoño y arranca la campaña antigripal. A nadie le preocupa si se espera que circule más influenza A, B, C o D.

Tampoco, si la vacuna que nos aplican tiene virus inactivado fraccionado o subunidad proteica (dos de los tres tipos que se usan). Solo sabemos que en Argentina no se aplica la versión de vacuna intranasal con virus vivo atenuado que sí se usa en otros países.

Un técnico de laboratorio inyecta el virus de la influenza A (H1N1) en huevo, para hacerlo replicar. /Oliver Bunic/Bloomberg

El “giro copernicano” que podría dar esta tecnología, dijo Bonvehí, excede un poco la experiencia del usuario: tiene que ver con la versatilidad de estas vacunas para ser adaptadas a las mutaciones anuales del virus.

“Las ARNm son conocidas por el tema Covid, pero en un diseño contra le gripe, contendrían la información que codifica una proteína que está en la superficie del virus influenza: la hemaglutinina, que es una glicoproteína”, introdujo.

Esa proteína (algo así como la famosa “S” del Covid) “permite la unión del virus a la célula receptora del sistema respiratorio, lo que a su vez permite que el virus se replique”.

Lo interesante es que “la glutinina experimenta cambios periódicos menores, que son estacionales. Cuando esos cambios, que son mutaciones, son mayores, decimos que pueden originar pandemias”.

La ventaja de las ARNm (encarnadas en el inconsciente colectivo en Pfizer y Moderna)  está justamente ahí: al utilizar exclusivamente material genético sintetizado, en solo un par de semanas se podría reemplazar el “lugar” de la mutación en la información que lleva la vacuna.

Cada año la OMS compila las variantes de influenza circulantes en el mundo (es decir, las mutaciones que se produjeron) y emite recomendaciones para el desarrollo de las vacunas del invierno siguiente.

Una vacuna antigripal ARNm podría ajustarse “en el último minuto”, previo a la temporada de gripe. Es decir, sería potencialmente más efectiva. Más precisa por estar mejor ajustada a la variante del virus.

Y si el riesgo de un brote de gripe alcanzara la talla pandémica, la ventaja en los tiempos no sería nada menor.

Ensayos

Las vacunas genéticas ofrecen otra ventaja, esta vez, en materia de estudios clínicos. Por cierto, hay al menos dos (uno de Pfizer y otro de Moderna) en danza

Según Bonvehí, “a diferencia de lo que paso con las vacunas contra el Covid, para las cuales hubo que hacer grandes ensayos clínicos (es decir, reclutar a miles de voluntarios para probar su seguridad y eficacia), en gripe ya existen correlatos de protección claros“.

Esto se traduce en que los estudios pueden ser más chicos: “Se sabe que cierta cantidad de anticuerpos genera tal porcentaje de protección”. Esa certeza cuantitativa todavía no se pudo consensuar para el Covid-19.

Natalia Periolo, investigadora Asistente del Conicet abocada al enorme tema de la inmunopatogenia del virus influenza, está convencida de que las vacunas ARNm no van a desplazar a las clásicas, pero sí abrirán “un nuevo paradigma, incluso para cubrirnos frente a otros virus emergentes, como el ébola, el panvirus o mismo el SARS”.

Además de que es más sencillo “sintetizar el ‘mensajero’ y producir vacunas con esta tecnología, conociendo ya el genoma y viendo cuáles son las mutaciones”, Periolo destacó  grandes ventajas en materia de bioseguridad.

Porque, si bien las ARNm son más caras de producir, “no se necesitan laboratorios de gran complejidad y todo es mucho más limpio, en comparación a la producción de vacunas tradicionales, para las que se hace cultivo en huevo, por ejemplo. Esta técnica viene a a resolver un poco eso”.

¿Desventajas? También las hay. Por ejemplo, la conservación en un nivel de frío “importante”, que Periolo técnicamente llamó “inestabilidad”.

“Las ARNm precisan refrigeración a menos 70 o menos 80 grados, lo que hace que la distribución pueda ser un problema en ciertos países de Asia, Latinoamérica o África, donde los recursos para mantener la cadena de frío no abundan”, apuntó.

Y resaltó la necesidad de respetar los tiempos lógicos de estos desarrollos. Considerando que las ARNm irrumpieron en 2020 casi de un día para el otro, para Periolo, “estamos en una etapa de vigilancia”.

“Hubo controversia y miedos de que estas vacunas integren material genético a nuestro genoma. Eso es realmente muy improbable”, tranquilizó la científica antes de aclarar: “Sin embargo, todo tiene efectos secundarios y esto recién empieza. Hay que evaluar la inmunidad protectora, la seroprevalencia y ver cuánto duran los anticuerpos con estas vacunas. Se requiere tiempo”.

PS

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