El largo recorrido del primer vino con marca: Luigi Bosca cumplió 120 años y se reinventa

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“Para nosotros lo más difícil fue superar los primeros 100 años”, suelta muy sonriente Alberto Arizu. Y suena como un oasis en la Argentina de ciclones económicos en la que sobran los dedos de la mano para contar las empresas superan el siglo de vida. Es el caso de Luigi Bosca que celebró 120 años, con la cuarta generación al frente de la bodega mendocina que en un rapto de iluminación inventó el primer vino con marca del país. Y fue pionero en el mercado internacional.

Desde la finca El Paraíso en Maipú, que fue el refugio de su infancia, Alberto Arizu padre, 80años, desliza que el futuro está en el pasado. “Lo fundamental en las vides de hoy es el resultado de la selección de las antiguas viñas familiares”, dice al contar que camina descalzo en las fincas mientras describe un mercado del vino como de competencia perfecta por la cantidad de jugadores con una vara altísima.

Los Arizu llegaron a Mendoza desde Unzué, a 22 kilómetros de Pamplona en el país vasco. Producían vinos desde 1625 para los reyes. Los Bosca, que eran nobles, provienen de Italia con viñedos que abastecían a la Casa de Savoya. En 1901 el bisabuelo Arizu plantó el viñedo en Luján de Cuyo junto a los Bosca. Tenía 18 años y fundó la bodega en Mendoza. En 1904 registró la marca Luigi Bosca y produjo el primer vino de reserva.

Tras una muerte prematura en 1933 asume el abuelo Arizu, uno de los primeros ingenieros agrónomos de la Argentina, recibido en la Universidad Nacional de La Plata. Se hace cargo al compás de la selección genética de los cultivares. En 1964 fue el turno de su hijo Alberto Arizu, también ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional de Cuyo. Fue la época en la que los argentinos consumíamos 90 litros per cápita y Luigi Bosca era el vino boutique. El consumo actual roza los 25 litros.

Reconocen que en los años 90 toda la industria pega el gran salto en lo que parecía un oxímoron porque el atraso cambiario de la convertibilidad los dejaba fuera de juego en el mundo pero, a su vez, las inversiones extranjeras en la industria, con el desembarco de bodegas europeas y chilenas los tecnificó. Una industria que apenas exportaba US$ 25 millones al año despegó a US$ 1.000 millones.

Arizu puso proa al desarrollo del Cabernet, sin abandonar al Malbec que es la insignia de la Argentina. Sostiene que en el mundo el mercado del Malbec es pequeño del 3% y las posibilidades del Cabernet se expanden al 16%. Contrataron a Robert Mann un enólogo de las bodegas más afamadas de Australia y California.

Alberto Arizu presidente de la bodega Luigi Bosca Foto Federico Lopez Claro

Con el correr de los años las familias crecieron y una parte se escindió. En ese escenario Alberto Arizu inició conversaciones con el fondo Catterton que le llevaron tres años y que significaron la venta del control accionario con la condición de que el management quedara en la familia. Se concretó en mayo de 2019. “Nos ayudan a potenciar el negocio y a exportar el 60% de lo que producimos desde el 40% actual”.

Catterton tiene como principal accionista al holding LVMH, los dueños entre otros de Chandon. Puso un pie en el país en 2018 con la compra de una parte de Rapsodia de Francisco de Narváez, luego de Caro Cuore y Baby Cottons. En 2019 sumó a la bodega de Susana Balbo. Luigi Bosca posee 7 fincas. La más extensa con 295 hectáreas es El Paraíso.

El contexto es bien complicado. Arizu enumera un dólar atrasado para la industria, desabastecimiento global de insumos claves y en particular la falta de botellas de vidrio que se agravó localmente. Añade el encarecimiento de los fletes.

Tal vez por eso apunta al segmento de alta gama que puede disimular vía precio esos inconvenientes. De paso recuerda a su bisabuelo que decía, “camina despacio pero anda”. ¿Quién dijo que los primeros 100 años eran los más difíciles?

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