El ranking del delivery: las 12 comidas favoritas de los argentinos y cuáles son las más y menos saludables

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La ley de etiquetado frontal, que está esperando su reglamentación, actualizó el debate sobre la (mala) calidad de nuestra alimentación. Pero más allá de los sellos negros a los alimentos procesados, ¿cuán saludable es el resto de la comida que comemos?

Lo que comemos, por supuesto, depende de muchas cosas. De dónde vivimos, de qué podemos pagar, de nuestras propias elecciones alimentarias. Pero se podría armar un mapa de nuestras comidas favoritas en base a lo que más se pide por delivery.

Clarín consultó a PedidosYa y a Rappi sobre cuáles son las categorías de comidas que más eligen sus usuarios. Y si bien hay algunas diferencias, el podio lo comparten hamburguesas, helados, pizzas y empanadas. El resto se completan (con distintas posiciones en cada app) sushi, milanesas, sandwiches, ensaladas, postres, productos de panadería, asado, pastas y bebidas.

Ahora bien, ¿se puede armar también un ranking de cuáles de todas estas son las más y las menos saludables?

Sergio Britos es licenciado en Nutrición y director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA). Viene estudiando desde hace tiempo con su colega Mariana Albornoz y el equipo del CEPEA cómo es la dieta de los argentinos.

En abril publicaron un informe en el que advierten que sólo una de cada 10 personas tiene una buena calidad de dieta y que la base de la alimentación del argentino promedio son cereales comunes (harina, pan y pastas de trigo común), papa y carne, “alimentos de una mayor densidad calórica comparada con verduras, frutas o lácteos”.

Lo van a actualizar en breve con los datos de estos largos meses de pandemia, pero no se anticipa un cambio radical en los más y los menos.

“El azúcar, el sodio y las grasas son tres nutrientes críticos. El exceso de cada uno tiene consecuencias negativas en la salud. No hay uno cuyo exceso sea más importante que otro”, señala. Pero reconoce que por el perfil de consumo de los argentinos, el exceso de azúcares es más relevante, por ejemplo, que el de las grasas saturadas, que es es el principal problema en Estados Unidos.

Y hablando siempre del patrón de consumo general de la población, remarca que la mayoría de los alimentos que consumimos los argentinos los compramos “a granel” (carne, papas, panadería). Por eso, pide no poner expectativas desmedidas en los resultados de la Ley de Etiquetado Frontal.

“Tenemos la sensación de que va a solucionar el problema del sobrepeso y la calidad de la dieta, pero en los alimentos que va a impactar no representan más de un tercio de los que consumimos. El desafío es la educación alimentaria, sobre todo en los primeros años de vida, para adoptar progresivamente mejores hábitos”, dice.

Y no olvida un factor clave: “Hoy el costo de la canasta conspira contra la posibilidad de hacer una dieta saludable”.

Tomando esta idea de educación alimentaria, y aunque hace la salvedad de que como todo ranking tiene su cuota de arbitrariedad, a pedido de Clarín el nutricionista pone la lupa sobre cada uno de estos grupos de comidas que más pedimos para analizarlas nutricionalmente, desde la perspectiva de los sellos negros (que marcan nutrientes críticos) pero también de cuánto consumimos y de cómo podríamos comer mejor.

Así, yendo de las menos saludables (de las que se sugiere un consumo ocasional o menos que ocasional) a las que más  se recomiendan, éste sería el ranking nutricional de nuestras comidas favoritas ​en base a los criterios de nutrientes críticos que establece la Ley de Etiquetado. 

1. Bebidas azucaradas

Las gaseosas y bebidas azucaradas están en la punta del ranking negativo. Foto Shutterstock

“Las bebidas azucaradas están en la punta del ranking negativo”, sentencia Britos. En Argentina, el orden de consumo, según los análisis del experto y su equipo, arranca en las gaseosas, sigue con el mate con azúcar, los jugos listos para consumir, los jugos en polvo y concentrados, y por último las aguas saborizadas.

¿Tomar bebidas light es una forma de reducir este consumo? Britos no lo lo alienta: “Terminás acostumbrando el umbral del dulzor hacia lo dulce. Hay que hidratarse con agua”.

2. Hamburguesas

Las carnes procesadas, como la de las hamburguesas industriales, son otro consumo que se debe desalentar. Foto Shutterstock

El especialista desalienta el consumo de carnes procesadas –léase hamburguesas, pero también todos los prefritos como las patitas– porque tienen calorías, grasas saturadas y sodio: 3 sellos negros.

Respecto de las hamburguesas caseras, o las que están hechas con carnes bajas en grasa, se mejora la performance. Pero de todas maneras, y en línea con la necesidad de comer menos carne roja, recomienda su consumo ocasional. Sí ve como “interesante desde el punto de vista del mercado saludable” la aparición de nuevas hamburguesas de origen vegetal, hechas por ejemplo con aislados proteicos de arvejas.

3. Panificados dulces y salados

Medialunas. Los argentinos consumimos en exceso panificados dulces y salados. Foto: Fernando de la Orden

A la hora de hablar de panificados, Britos pone en el mismo grupo a los dulces y los salados. “Como punto en común tienen el componente de harina muy refinada; unos tienen el nutriente crítico del azúcar, los otros del sodio”, explica.

Los argentinos consumimos muchas harinas, que además pueden ser un vehículo de las grasas (por ejemplo, las facturas). Los panificados no son malos per se, pero en el contexto poblacional es un indicador que hay que bajar.

4. Asado

El asado, nuestra comida emblema, puede ser muy calórica. Foto Pxhere

El asado es nuestra comida emblema, y como tal es emblema también de nuestro alto consumo de carne y del tipo de carne que elegimos. “Por un lado comemos en exceso y además elegimos un corte con mucha grasa. Son dos cosas que deberíamos modificar. Cuando pongo a la parrilla una tira de asado, trato de elegir la que tenga un poco menos de grasa”, dice Britos sobre lo que él hace como consumidor.

La ingesta de carnes rojas, señala, es excesiva incluso entre los sectores de menos ingresos. ¿Cuánta habría que comer? Para un flexitariano, el que come de todo, “el consumo de carnes lógico y racional es de tres a cuatro veces por semana, privilegiando el pescado y, en orden decreciente, pollo y carnes rojas”.

Explica Britos que muchas recomendaciones internacionales ya hablan de un promedio semanal de no más de medio kilo de carnes rojas. “No hay que abolir las carnes pero sí disminuir su consumo, y aumentar en la dieta los vegetales y fundamentalmente las legumbres y los cereales”, indica.

5. Sándwiches

El típico sándwich de jamón y queso contiene harinas refinadas y las grasas y sodio del fiambre.

El típico sándwich de jamón y queso tiene para el especialista un doble problema: la harina y el fiambre, un procesado que desestima por su baja calidad, con alto contenido de grasas y sodio. A la hora del sándwich, es mejor optar por un pan de harina integral y por vegetales grillados como relleno.

6. Pizzas y empanadas

La pizza de buena calidad es un permitido en la dieta. Foto Fernando de la Orden

Es nuestra comida rápida local. Y acá empieza a pesar mucho la calidad del producto. Las que se comen al paso, al mediodía, de parado en una estación de tren, no son recomendables justamente porque suelen ser de mala calidad. En cambio, una pizza el sábado a la noche de una buena pizzería, es un permitido. Lo mismo ocurre con las empanadas.

¿Cuál es la porción recomendada? Dos empanadas o dos porciones de pizza.

7. Helado

En el helado, pesa la ecuación cantidad-calidad. Foto Víctor Sokolowicz

Aquí también pesa la ecuación cantidad-calidad. “Como alimento no es un mal alimento, pero es un vehículo de grasas y azúcares, como todos los postres”, advierte Britos. El de crema es lógicamente menos saludable que el de agua. Un punto negativo que marca el experto es el cambio que hubo a la hora de comprar helado: “La unidad de medida ya no es el cucurucho sino el cuarto, y eso contribuye al exceso”.

8. Postres

Tiramisú. Los postres con crema suelen ser más calóricos. Foto Archivo

Aquí depende mucho de qué se elija: si es un postre con crema o uno con frutas. “El gran inconveniente es el contenido de azúcar. En una porción de postre ya estás consumiendo más de la mitad de la cantidad de azúcar diaria recomendada”, dice. Y derriba otra idea: que los argentinos no consumimos exceso de dulce de leche. Para todos los dulces, la indicación es un consumo ocasional y moderado.

9. Milanesas

Milanesa con ensalada, un plato con un buen balance nutricional.

“La milanesa no es un mal plato –la defiende el nutricionista–. El problema suelen ser los excesos, esas porciones enormes o que por una cuestión económica se hacen con cortes grasos”. Y también, claro, las guarniciones: no es lo mismo una milanesa con ensalada que con papas fritas.

El experto desmitifica además que al horno sea mucho mejor. “Muchos colegas tienen una cuestión con la fritura, pero yo no soy tan terminante en eso. Entre una comida cocida al horno y una fritura, sí, es preferible el horno. Pero una buena fritura, que el aceite no se pase, no se reutilice y se le retire el exceso de aceite embebido, suma unas 80 o 100 calorías de más”.

10. Sushi

En el sushi, el principal ingrediente es el arroz. Por eso no es tan saludable. Foto Shutterstock.

Otro mito que tira Britos: borra al sushi de los ejemplos de lo saludable. “Ni fu ni fa. Y caro”, dice sobre su evaluación nutricional. “Tiene como un halo fashion, pero el sushi es básicamente arroz. El arroz no es punible, pero es un tipo de hidrato de carbono de rápida asimilación, no es un cereal que recomendarías salvo que sea integral”, explica.

La cantidad de pescado que se suele consumir en el sushi es poca, y la salsa de soja le agrega sodio (además de las grasas de los rolls que llevan queso tipo Philadelphia).

11. Pastas

Un plato de pasta seca con salsa de tomate es una opción saludable. Foto Archivo

Es uno de los alimentos a los que les pone mejor nota, destacándolo en el balance por nutrientes positivos y señalando sólo el contenido de sodio como negativo. “Comerte un plato de pasta seca de sémola con una cantidad moderada de salsa es saludable”, afirma. Hay que tener cuidados con los excesos en las salsas u otros agregados.

12. Ensaladas

Una ensalada con huevo, plato más que recomendado. Foto Archivo

Como era de esperar, es el grupo que Britos pone en el último lugar del ranking negativo y en el primero del saludable. “Son lo mejor y debiéramos aumentar su consumo”, reafirma. A la hora de aderezar recomienda el aceite y evitar aderezos procesados.

Y, por último, le dedica también un apartado especial a otro alimento “demonizado injustamente”: el huevo. “Es una proteína noble que no tiene ninguna recomendación negativa. Perfectamente puede consumirse un huevo diario, una fuente económica de proteínas de buena calidad”, concluye.

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