Ramón Puerta recordó la crisis del 2001: “Sólo Cavallo pudo contra la inflación en Argentina”

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Ramón Puerta fue el primero en recibir la renuncia, de puño y letra, del entonces presidente Fernando de la Rúa. “Me subí a un avión como presidente del Senado y aterricé como presidente de la Nación”. En esta entrevista describe cómo se gestó la crisis que hoy cumple 20 años y dejaba a millones de argentinos sin poder retirar su dinero del cajero. El vínculo del peronismo con el radicalismo gobernante y con Domingo Cavallo y la llegada de Eduardo Duhalde para calmar las aguas.

– ¿Qué es lo primero que recuerda de ese diciembre de 2001?

– Es una secuencia. Yo ya había asumido como presidente del Senado y, el día 20, con la renuncia de De la Rúa, lo que más recuerdo fue la sorpresa a la tarde cuando lo escuché hablar por televisión, acá en mi casa, a las 4 o 5 de la tarde. Vine de Misiones, estaba perfectamente al tanto de las dificultades, había renunciado el día anterior Cavallo y ahí ya hubo disturbios importantes. Pero recién el día 20 me di cuenta de que iba a ocurrir la renuncia de De la Rúa por la televisión. Me pareció algo completamente errado de su parte y entonces lo llamé inmediatamente, me atendió y si bien no dijo que iba a renunciar en ese discurso, no daba a entender otra cosa. Yo le ratifiqué que le íbamos a votar todas las cosas que él necesite (y a libro cerrado). Y le pedí que le dijera al país qué leyes quería, que se hiciera cargo de eso y nosotros se lo íbamos a votar. Yo tenía una reunión en Merlo, San Luis, y me preguntó a qué hora tenía esa reunión. Le dije que terminaría cerca de las 9 de la noche y que allí habría un acuerdo. Y me dijo que era muy tarde, de noche. Evidentemente le preocupaba la situación del país pero también su situación anímica. Me contaron de Casa Rosada que él estuvo mirando tres horas seguidas el horizonte y cuando entró el sol se produjo la renuncia. Me mandó la carta de puño y letra. Yo despegué del Puerto de San Fernando como presidente del Senado y cuando aterricé era el presidente de la república, como correspondía según la Constitución.

– Fueron dos días de presidencia…

– Tres, porque la Ley de Acefalía daba el perentorio de 48 horas pero la asamblea la llamé a las 44 horas y duró un día más. Y al día 23 puse la banda y bastón a Adolfo Rodríguez Saá.

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– La imagen que nos quedó a todos los argentinos de aquel entonces fue la del helicóptero. ¿Cómo lo vivió usted, dónde estaba?

– Yo lo vi por televisión también. Recuerdo que el mismo 20 de la Rúa fue a buscar sus cosas, yo estaba volviendo de Merlo y por una fuerte tormenta logramos aterrizar justo a tiempo, pero el gobernador de Buenos Aires, por ejemplo, ya debió aterrizar en Córdoba. Estábamos todos reunidos. Y ya el 21 estaba en Casa de Gobierno a las 9 de la mañana.

– Evidentemente no alcanzó el acompañamiento total que le garantizó en el Senado para dar una buena señal entre tantas malas noticias y evitar el estallido social.

– La presidencia que me tocó ejercer a mí en el Senado era una solución para de la Rúa, porque él venía con un Senado que lo presidía Losada, de su mismo partido, pero no tenía mayoría propia. Para sacar una ley era un infierno. Yo sí tenía esa mayoría y nuestro objetivo era garantizar la gobernabilidad necesaria. Las cosas habían mejorado. Lo que no había mejorado era la situación económica, que venía con un plan muy exitoso en el ’91 cuando hubo que parar la hiperinflación de (Raúl) Alfonsín del ’89. Hasta que se complicó porque no era competitiva la paridad cambiaria del uno a uno. Y el doctor de la rúa gana en el 99’ a Duhalde diciendo que iba a mantener el uno a uno. Y Duhalde decía que había que flexibilizar. Y la gente votó 48% a de la Rúa y algo más del 40 a Duhalde. Es decir que la gente votó la paridad del uno a uno. Y de la Rúa no sólo cumplió con su palabra sino que nombró como ministro a Cavallo, que venía enamorado de su modelo que no había ejercido hasta el 96’. Entonces ahí era complicado: lo votó el pueblo, lo llevó adelante el presidente, el ministro venía de una gestión exitosa. Pero se tenía que flexibilizar y no se hizo. Ahí estallan las columnas de gente que se iban a Plaza de Mayo a protestar. Yo los miraba desde acá, (su departamento sobre la Avenida Libertador, en el barrio porteño de Palermo) y no eran desocupados ni pobres, era la clase media y alta que tenían derechos a retirar sus recursos en el banco y el corralito se lo impedía.

– Con el diario del lunes, entonces Duhalde tenía razón. ¿Pero en aquel entonces qué pensaba usted del uno a uno?

– Duhalde tenía razón en que había que flexibilizar. Yo lo tenía de asesor gratuito, simplemente por patriotismo, a (Alfonso) Prat-Gay. Él también me decía que había que flexibilizar. Todos los otros economistas me decían que no. Quienes vinieron desde Washington, economistas y hombres del Senado con organismos internacionales me decían que había que flexibilizar. Entonces con el diario del lunes yo digo lo mismo que dije en ese entonces. En el 99’ yo voté a Duhalde y lo hice ganar en Misiones diciendo que había que salir del uno a uno. Acá el mismo éxito que acompañó a un gran ministro que fue Cavallo complicó la salida, porque el éxito muchas veces nos enamora más de lo debido.

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– ¿Usted cree que Cavallo fue un gran ministro aún con todo lo que pasó en su gestión y el cuestionamiento generalizado que, por ejemplo, el peronismo tiene hoy hacia él al recordar esos años?

– ¿Y qué te parece? En la Argentina nadie pudo con la inflación. Sólo Cavallo, con Menem, claro. El techo político que le puso Menem y ese peronismo frentista, moderno, republicano, transparente en cuanto a sus acciones de gobierno, llámese privatizaciones, inserción de Argentina en el mundo, fue exitoso. En este país se habla mucho de los 70 años de inflación y se olvidan de que hubo 11 años sin inflación.  Desde ya, en la vida hay que saber reconocer lo éxitos y corregir los errores. No podemos volver a cometerlo.

– Hay un sector de la oposición que dice que podría volver a pasar…

– Espero que no, ningún político puede volver a cometer esa ceguera, habiendo vivido lo que se vivió. Antes del corralito se podía discutir esto. ¿Sabés cómo pacifiqué a la Argentina en tres días? Cargué todos los cajeros y le dimos la libertad a la gente con sus recursos. Fondos había. En el Banco Nación, en el Banco Central donde ratifiqué al mismo que estaba con de la Rúa y en los organismos internacionales que estaba el mismo canciller. Se cumplió con la ley y la Constitución.

– Entonces si fondos había, el ‘corralito’ fue una decisión. Y cuando se tomó esa decisión ¿no se imaginaron lo que iba a desatar en la gente como lo que usted describe que vio el mismo 20 de diciembre? Hoy, precisamente 3 de diciembre, se cumplen los 20 años del corralito.

– En ese entonces se podía discutir si servía o no servía, no teníamos una experiencia. Estar atrasados en el tipo de cambio es malo, lo único útil que tenía es que hay alguien va adelante y sabés qué es lo que sale bien o lo que sale mal. Como con el control de precios. Ya sabemos que no funciona. Y estamos repitiéndolo. Lo que no teníamos era superávit fiscal, crecimiento económico. Competitividad en nuestra moneda. Pero implementamos también las cuasimonedas, yo usé los Lecop y Patacon. Fueron instrumentos maravillosos para encarrilar al país.

– ¿Pero no se imaginaban que iban a tener que salir a contener a toda la gente ante ese anuncio?

– Bueno, nosotros lo contuvimos. El peronismo se hizo cargo. Si bien pusimos a un presidente que volvió a renunciar que fue Rodríguez Saá, luego pusimos a Duhalde, que hace un acuerdo con Alfonsín, hay un acuerdo de sustentabilidad política y en un año la Argentina salió de ese problema.

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– En ese momento también había sospechas de coimas para aprobar la reforma laboral y ese tema llevó a Chacho Álvarez a renunciar, ¿no?

-Ese Senado no tiene nada que ver conmigo. Fui presidente en 2001 porque la gente odiaba lo que pasó con el Senado anterior. Se dice que aquellos senadores tuvieron que votar la ley laboral en base a prebendas, hubo juicios políticos incluso. El pobre de la Rúa no tenía número, y ese Senado era elegido indirectamente. Pero todos los que arrancamos en 2001 somos distintos.

– Todavía hay quienes sostienen que, para caer, de la Rúa tuvo ayuda del peronismo y el visto bueno de Alfonsín…

– Nosotros fuimos víctimas de la renuncia de de la Rúa, no nos convenía la caída, yo era presidente del Senado y después de la caída de Rodriguez Saá dejé de ser presidente del Senado también. Nos hicimos cargo del país porque lo teníamos que hacer, pero no ganamos nada.

– ¿Qué vínculo tiene hoy con Duhalde?

– Soy amigo, he tenido su acompañamiento en muchas ocasiones. Antes del 2001 yo lo acompañé, y después él a mí.

– ¿Y con Cavallo?

– Tengo muy buena relación. Y con de la Rúa también la tenía, incluso en 2017 en la residencia argentina comimos con Duhalde y de la Rúa para dejar en claro la conducta de cada uno en esa crisis.

– Es una relación muy distinta a la que tiene hoy el peronismo con Cavallo, por ejemplo.

– Eso es el kirchnerismo. Es una gran diferencia. No podés decir que es peronista, es un gobierno trasversal donde hay muchos de origen peronista. Pero estuvo Cobos, está Moreau, Alfonsín. El kirchnerismo es una fuerza política que yo respeto mucho, pero es totalmente distinta al peronismo. El peronismo es armonía, el entendimiento entre el capital y el trabajo. De la Argentina y el mundo. Y el kirchnerismo es fracturante: tiene amigos, pocos en el mundo, y enemigos. Pero está quebrado en eso. El capital es mal visto, y el trabajo bien visto. Sin capital no hay trabajo, y ahí aparece la explosión de planes.

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– ¿Qué nos dejó ese 2001 al día de hoy?

– La herencia se dilapidó. En un año corregimos. Pero pasaron 20 años, y hoy tenés tres veces más pobreza que la que habíamos dejado al final del uno a uno. Tenemos una inflación que se aproxima a la previa de una hiper. Espero no llegar a eso. La herencia se dilapidó por no haber seguido ese camino, Duhalde tuvo un gran éxito. Involucró a todos. Y a mí me fueron muy útiles los funcionarios de De la Rúa que me acompañaron. No fue fácil con los muertos que hubo el 19 de diciembre cargar los cajeros, volver a llevar a la Federal a la calle para custodiar los camiones de caudales. Y si bien ahora no tenemos la situación de debilidad hasta anímica que tenía el propio De la Rúa, hay una falta de partidos políticos. El PJ no existe, el radicalismo sería una excepción en algunos lugares, el PRO es una fuerza nueva que si bien crece no tiene la inserción histórica de los otros dos partidos. A mí me tocó manejar una crisis con partidos políticos que funcionaban, yo con dos llamados telefónicos conseguí los votos necesarios para que Adolfo Rodríguez Saá sea presidente. Menem y Duhalde. Y en la segunda crisis hicimos un tercer llamado y lo incluimos a Alfonsín. Y se armó gobierno. Hoy las instituciones argentinas están muy debilitadas, los partidos políticos muy jaqueados y la política es odiada por las grandes mayorías de la ciudadanía. Guarda con eso, hay que revertir ese desgaste.

cp

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