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Se hicieron amigos en el servicio militar, no se veían hace 33 años y se reencontraron en la final de la Copa Argentina

1988, Río Gallegos. Dos conscriptos se despiden tras haber hecho juntos el servicio militar en el Regimiento de Infantería Mecanizada 24. Allí fueron instruidos y entrenados, en un paso por entonces obligatorio para los hombres de 18 años. Allí se hicieron amigos.

La clase ’69 le dejaba su lugar a los próximos “colimbas”, quienes sin saberlo formaban parte de uno de los últimos grupos de jóvenes forzados a atravesar esa experiencia. En 1995 pasaría a ser optativo.

Uno, cordobés, hincha de Talleres de Córdoba, el otro, santiagueño y fanático de Boca. Ese año, la T finalizó sexta con 65 puntos en el torneo que ganó Independiente y en el que los empates se definían por penales, formato que se instauró solamente en este certamen.

Durante ese año que compartieron, ambos colimbas tuvieron la chance de “verduguear” al otro. En la Bombonera ganó el local y, en la revancha en el entonces Chateau Carreras, se impuso la T. 

Boca fue segundo, con 76, a ocho puntos del campeón. Ambos se clasificaron a la ya extinta liguilla pre Libertadores. Ninguno de los dos logró acceder al máximo torneo continental, edición 1990.

Todos estos trazos fueron parte de una amistad que quedó marcada a fuego en ambos. Y que tenía, todavía, un capítulo más para que el habría que esperar más de tres décadas.

Este miércoles, 33 años después, en Santiago del Estero, Talleres y Boca definirán quién se queda con la Copa Argentina y aquellos jóvenes soldados volvieron a verse, ahora vestidos de civiles, en modo hinchas y asado de por medio.

“Él ya sabía que venía y me esperó con el asado”, cuenta el cordobés, quien cuenta las horas para poder ver en la cancha a los de Sebastián Battaglia y se ilusiona con un título.

El santiagueño, xeneize, no estará en el Madre de Ciudades y admite que le gustaría que su adversario de esta noche salga campeón para alegría de su amigo.

“Se arman amistades eternas. Es una hermandad, nadie lo entiende. Estuvimos 33 años sin vernos, pero somos hermanos y nos ayudamos en todo”, le dice uno de los dos a ElDoceTV.

Durante la entrevista que les hizo el cronista, ignorando a priori la historia, los amigos no dejaron de abrazarse. Se habían visto un mes atrás en un encuentro de toda la clase ’69 en Córdoba.

“Yo lo recibí allá, ahora él acá”. Como si fuera un partido ida y vuelta. Como aquel torneo de AFA. La final de la Copa Argentina será a partido único. Pero -si uno sabe esperar- el fútbol da siempre revancha y permite reencontrarse.

DD

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