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Alberto Fernández pidió no apurar la negociación con la oposición por el Presupuesto y por ahora no quiere hablar de renovarlo por decreto

Desde bien temprano, este jueves Alberto Fernández siguió con atención las novedades que le llegaron desde la Cámara de Diputados en torno al tratamiento del Presupuesto 2022 que impulsa su administración para gobernar a partir del 1 de enero y, al mismo tiempo, para poder mostrarlo como una señal de fortaleza política en el marco de la negociación con el Fondo Monetario Internacional.

Más allá de las versiones que se barajaron la semana pasada, la Casa Rosada bajó línea de no anticipar definiciones ante el eventual escenario de que la oposición rechace el proyecto. Así, intentó poner cautela ante la advertencia, surgida días atrás desde despachos oficiales, de que el Presidente renovará por decreto el Presupuesto anterior. “No hay apuro ni plazo para sacarlo. Hoy, mañana ó la semana que viene“, aseguraron a Clarín fuentes oficiales.

La referencia a la fecha tiene que ver con que las voces oficiales más audaces sostienen que, en caso de no conseguir respaldo a la iniciativa a más tardar el viernes, el Gobierno tendría decidido avanzar la semana próxima con la prórroga por DNU presidencial. “En el Congreso se está negociando y queremos que salga por ley“, aclaran en el entorno presidencial, donde aseguran que por el momento el mandatario apuesta todo a un acuerdo y no quiere hablar de esa posibilidad.

No obstante, la portavoz presidencial, Gabriela Cerruti, buscó trasladar la atención en la postura de la oposición ante el debate en Diputados. “Nos parece muy importante que el Congreso sancione el Presupuesto y le pedimos a los diputados que tengan la responsabilidad de darle certezas a la Nación. La campaña terminó”, dijo, en su habitual conferencia de prensa. La funcionaria omitió una parte fundamental en su pedido que fortalece el argumento opositor: el proyecto ingresó hace tres meses a la Cámara baja, pero el oficialismo evitó avanzar en el tratamiento cuando todavía tenía el número para hacerlo y recién se decidió a hacerlo esta semana y con un trámite exprés. 

Aunque el jefe de Estado fue informado de la negociación, en Balcarce 50 evitaron involucrarse y dieron amplia libertad a las espadas del Congreso para articular con la oposición. El único movimiento que hizo el Gobierno por el Presupuesto estuvo a cargo del jefe de Gabinete, Juan Manzur, y del ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, quienes en el Salón de los Escudos recibieron a cuatro gobernadores: Sergio Ziliotto (La Pampa), Gildo Insfrán (Formosa), Raúl Jalil (Catamarca) y Ricardo Quintela (La Rioja). Obedeció más a una estrategia para dar una señal para que mandatarios opositores, como Gerardo Morales (Jujuy) y Gustavo Valdés (Corrientes), intercedan ante los diputados que entraron en sus listas que una gestión para destrabar apoyos: los legisladores de esas provincias integran todos el Frente de Todos y sus votos ya estaban garantizados. 

Manzur y Wado de Pedro, con los gobernadores Sergio Ziliotto (La Pampa), Gildo Insfrán (Formosa),Raúl Jalil y Ricardo Quintela (La Rioja)

Igual, en el Gobierno entienden que la propia interna de la oposición -y especialmente de Juntos por el Cambio- achica el margen para que diputados menos radicalizados se diferencien del resto que rechaza el Presupuesto y vote a favor. “Ni prometiéndoles más obras a sus provincias pueden votar a favor”, conceden. A medida que la expectativa de rodear de amplio consenso el proyecto se fue desinflando, en el oficialismo se comenzaron a abrazar a la posibilidad de lograr su aprobación con una decena de abstenciones de la oposición. “Para la negociación con el Fondo es mejor que sea por ley que por decreto, aunque sean sólo con votos nuestros“, asegura, con cierta resignación un alto funcionario.

En este contexto, aunque admiten que “no sería lo ideal”, tampoco inquieta demasiado las versiones de que la oposición allane el camino para la aprobación del proyecto pero una fuerzas para derogar artículos en la votación en particular para acotar las facultades del Ejecutivo. 

Mientras la vía del DNU le serviría al Gobierno para manejar con mucha discrecionalidad fondos extraordinarios por el aumento de la recaudación, al mismo tiempo puede ubicarlo ante el FMI en una posición de vulnerabilidad. Para la oposición, en tanto, tendría un doble impacto: es que, además de no poder discutir los números que se asignen a cada área, el oficialismo tendrá un hecho para victimizarse y para hablar de su responsabilidad e insista con la herencia de Mauricio Macri y del préstamo de 44 mil millones de dólares. En el Frente de Todos apuestan a que esto último haga mella entre los halcones de Juntos por el Cambio.  

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