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En Netflix, Nicolas Cage quiere impedir El gran asalto

Pocos actores tienen una carrera tan irregular como Nicolas Cage. El sobrino de Francis Ford Coppola tuvo una primera etapa, en su juventud en los ‘80, en la que brilló siendo dirigido por su tío (La ley de la calle, Cotton Club, Peggy Sue) y luego por Alan Parker (Alas de libertad), los Coen (Educando a Arizona) y Norman Jewison (Hechizo de luna).

Será una cuestión de porcentajes, porque ¿cuántos intérpretes tienen entre sus primeras diez películas 7 u 8 muy buenas? Luego Nick en los ’90 la pegó en unas cuántas (Corazón salvaje, de David Lynch, La Roca, de Michael Bay, ganó el Oscar por Adiós a Las Vegas, actuó con John Travolta en Contracara, de John Woo).

Pero el sigo XXI no fue lo mismo para el hombre que compró castillos y fue víctima de defraudaciones por parte de su contador, que debió plata al fisco, se casó 5 veces, le puso Kal-El (el nombre de nacimiento de Superman) a uno de sus dos hijos y, en una de ésas, figura en esta temporada de premios por su actuación en Pig.

Nicolas Cage se quebró el tobillo rodando “El gran asalto”, no estrenada en cines en la Argentina. Foto Netflix

No todas las películas con Nicolas Cage en este siglo se estrenaron en los cines en la Argentina. Unas cuántas, sí, pero El gran asalto, no. Medio que se entiende: parece de esas producciones que eran destinadas directas al video, que estrenó en algunos países, pero el mísero millón de dólares que recaudó en todo el mundo amedrentó a los distribuidores locales.

Así que ahora estrena, tres años más tarde, en Netflix.

Policía que parece estar oliendo…

El gran asalto -que tampoco es para tanto: quieren robar algo más que lo que recaudó el filme- es una de acción. Iba a decir acción e intrigas, pero éstas desaparecen pronto.

La película pasó sin pena ni gloria en los cines de pocos países, y es furor en Netflix.

Arranca, según un cartelito, en Afganistán, donde un empresario multimillonario es atacado por ex empleados fuertemente armados. Bah, son ex militares estadounidenses.

No importa, porque a los 5 minutos ya estamos en Kabul, donde hasta los extras entran tarde al encuadre, para que conozcamos a Rossi (Alexandra Dinu), agente de Interpol, una italiana que está detrás de los malos.

Anteojos para el sol, puntería más o menos buena. ¿A quién mira en el patrullero? Foto Netflix

Dos semanas después, o cinco minutos más tarde, aparece Nicolas Cage, con cara de oler algo en descomposición. Sí, esa expresión que ya le conocen, similar a la que cada tanto utiliza Bruce Willis. Usa anteojos de sol aunque esté dentro de un patrullero de policía.

Estamos en la ciudad ficticia de Chesterford, en Massachussets, porque Donovan, el empresario del comienzo, les llegó a decir a los matones que en un banco de allí tiene parte de su fortuna. Y ellos quieren cobrarse.

La respuesta: en el patrullero tiene al joven Nick en el asiento de atrás. Foto Netflix

Si prevén que Mike (Cage), que está por retirarse, va a enfrentarlos en el momento del robo, esperen un poquito. El marido de su hija, con la que no habla demasiado (“tuvo un año difícil; conversar no es su fuerte”, lo perdona su yerno) es también policía. Y no va que ese mismo día, cuando MacAvoy se entera de que será padre, y Mike, abuelo, les toca patrullar juntos, y encima les ponen a un estudiante adolescente díscolo y de tez negra, Kenny, para hacer la ronda en el asiento de atrás.

Si quieren más coincidencias o sorpresas, pueden pasárselas a los guionistas de El gran asalto, porque una vez que los malos -que son capaces de poner un artefacto explosivo en un bar para que el estallido distraiga a la policía, aunque hieran y maten a inocentes- quieran escapar con el botín, ¿a qué no saben quiénes están ahí, sospechando del auto mal estacionado de los delincuentes?

Los malos son muy malos en el filme en el que trabaja con su hijo Weston. Foto Netflix

Habrá centenares de balas sin rumbo -como varios personajes- cerca de Mike, que donde pone el ojo, pone la bala. No en el primer intento, ni en el segundo o tercero. Bueno, está grande.

Tampoco ayuda que haya tantas tramas o líneas posibles, porque ninguna se profundiza, entrecruzándose en ese pueblito (ficticio) chico, en el que todos se conocen, o al menos eso sucede en la escena más ridícula de la película, en la Sala de Emergencias, donde llegan heridos, familiares y médicos.

Frunciendo la nariz, como si estuviera oliendo… Foto Netflix

Que haya heridos de bala de muerte que parece que los hubiera picado un mosquito en la frente, tampoco.

Y está la camarera que sale de aquel bar a fumar un cigarrillo, y descubre que a veces fumar no es perjudicial para la salud. En su caso, todo lo contrario.

Para abaratar costos, la película se rodó enteramente en Bulgaria, que pasa por un pueblito ficticio de los Estados Unidos. Foto Netflix

Cage declaró que no le gusta el corte final de la película, rodada enteramente en Bulgaria para abaratar costos. Y claro, si queda común un actor de reparto, que le grita a otro compañero “¡Sigue disparando!”, pero el policía no, no puede, porque está tirado en el asfalto, presumiblemente muerto. El propio Cage se rompió el tobillo y quedó dos semanas fuera de acción.

Como chisme, sepan que el que le dispara como francotirador de los malos, es su hijo. No, Kal-El no, Weston, que ya trabajó tres veces con él en el cine.

“El gran asalto”

Regular

Acción. EE.UU., 2018. Título original: “211”. 86′, SAM 16. De: York Alec Shackleton. Con: Nicolas Cage, Sophie Skelton, Michael Rainey Jr. Disponible en: Netflix.

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