Bloomsday: celebración de la literatura a las calles

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En alguna parte del mundo anglófono, y también del hiberno irlandés, algunos empedernidos festejan Bloomsday el 16 de junio, para recordar o rememorar el día en el que Leopold Bloom recorre las calles de su ciudad natal, Dublín.

En diferentes partes de ese mundo, se leen capítulos de la obra, se comen riñones o sandwiches de gorgonzola, se cantan baladas, se visten. Y en muchos lugares de ese mundo también se emprenden año a año cursos para guiar la lectura de Ulysses, con guías como la de York Tyndall o como la de Stuart Gilbert, la de Carlos Gamerro o tantas otras accesibles a un solo click.

Eduardo Lago, en una nota reciente afirma que la literatura de verdad no tiene como fin primordial entretener a la gente. Hoy el interés se ha ido a otras partes, como las series. ¿Y cuál es la diferencia entre una novela importante y una serie o la literatura que se promociona ahora, que es una forma de entretenimiento? Pues, dice Lago, que esto último te calma, te aplaca, y lo otro- la literatura de verdad- te excita, te inquieta, te obliga a cuestionarse cosas.

Su guía se llama Todos somos Leopold Bloom y allí dice Lago “Ulises no es un libro sencillo, pero tiene porciones que son bellísimas, remansos de tranquilidad. Los pasajes aburridos no conviene salteárselos; es necesario transitar por ellos, son las pruebas de fuego.” La descripción que hace aquí Lago del Ulysses se parece un poco a la vida misma, en la que transitamos por  algunos capítulos intensamente bellos, por otros bastante aburridos, y otros capítulos que bien pueden ser pruebas de fuego.

En el capítulo octavo siguiendo el fluir de la conciencia de Leopold leemos: “Campos bajo la superficie del mar, líneas ligeramente oscuras entre los pastos, ciudades sepultadas. Apoyada sobre mi saco tenía su cabello, insecto en un matorral mi mano bajo su nuca, me vas a despeinar toda. ¡Oh, maravilla!  Fresca y suave de ungüentos su mano me acarició: sus ojos sobre mí no me rehuyeron. Arrebatado sobre ella estaba yo, los labios llenos, completamente abiertos, besé su boca. Am. Suavemente puso en mi boca la pasta del pastel caliente y masticada. Pulpa asquerosa que su boca había amasado dulce y agria con saliva. Alegría: yo la comí: alegría. Joven vida, los labios que se me daban haciendo mimos. Labios tiernos, calientes, pegajosos de jalea de encía. Flores eran sus ojos, tómame, ojos complacientes. Los guijarros cayeron. Ella estaba inmóvil. Una cabra. Nadie. Arriba sobre los rododendros de Ben Howth una cabra caminaba firmemente dejando caer pasas de Corinto. Oculta bajo helechos ella reía en cálido abrazo.” Traducción de J.Salas Subirat

Y esta es la carta de su hija Milly que Leopold Bloom lee dos veces mientras almuerza en el capítulo IV:

“Querido Papi: Muchísimas gracias por el encantador regalo de cumpleaños. Me viene de maravillas. Todos dicen que estoy muy bonita con mi nueva boina. Recibí la hermosa caja de cremas de mamá y le estoy escribiendo. Son muy buenas. Me va requete bien en el negocio de las fotos ahora. Mr Coghlan me tomó una a mí y a Mrs Will y me la mandará cuando esté revelada. Ayer nos fue muy bien en el negocio. Buen día y estaba lleno de señoras gordas. Iremos a Lough Owel el lunes con unos amigos para hacer un picnic improvisado. Dale mis cariños a mamá y para ti un gran beso y gracias. Los estoy oyendo tocar el piano abajo. Habrá un concierto en el Hotel Grenville Arms el sábado. Hay un estudiante joven de apellido bannon que viene aquí algunas noches sus primos o algo así son personajes y él canta la canción de Boylan (estaba a punto de escribir Blazes Boylan) sobre esas chicas de la playa. Dile que la tonta de Milly le envía sus respetos. Debo cerrar ahora con todo mi amor.

Tu hija que te quiere Milly

P.D. Perdona los errores. Estoy apurada. Adiosito.” Traducción Rolando Costa Picazo.

A cien años de su publicación podemos decir que Ulysses de James Joyce sigue siendo un libro cautivante, seamos cada uno el lector que podamos ser.

por Elisa Salzmann 

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