Lula y el PT quieren derogar la privatización de Electrobras

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Electrobras, la mayor empresa de electricidad de América Latina, obtuvo la semana pasada US$6.950 millones en concepto de privatización del 30% de sus acciones, lo que significa que el paquete de activos estatales pasó del 70% al 40%, con la mayoría y el control de la empresa en manos privadas.

Esto sucedió después de haber recibido 3 veces más ofertas del sistema financiero internacional (US$23.000 millones) en relación al capital finalmente aceptado.

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Implica que han recibido más de US$100.000 millones de capitales privados obtenidos en las privatizaciones de los últimos 3 años, incluyendo rutas nacionales, aeropuertos, y puertos de gran envergadura, y en primer lugar, el de Santos, el mayor embarcadero de Brasil.

El éxito histórico que implica la privatización de Electrobras ocurrió cuando el Índice de activos latinoamericanos de Morgan Stanley (MSCI) aumentó 22% en los primeros cinco meses de 2022; y las Bolsas de San Pablo, Santiago, Lima, y Bogotá incrementaron sus activos en dólares entre 19% y 30% en este periodo.

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Los capitales del mundo se vuelcan hacia los valores latinoamericanos, y ante todo a los de la Bolsa de San Pablo que es más de 60% del total de los mercados bursátiles del continente.

Brasil es el principal productor y exportador mundial de soja, cuyo valor de US$650/tonelada es inmediatamente inferior al récord histórico absoluto.

También es el segundo vendedor global de mineral de hierro, después de Australia, y es el cuarto de petróleo del mercado internacional.

Por eso su balanza comercial acumuló un superávit de más de US$25.000 millones en los primeros cuatro meses del año, que es la mitad del saldo positivo de 2021.

A este ritmo el superávit comercial brasileño alcanzaría a US$110.000millones en 2022, lo que prácticamente duplica los niveles de 2021 (US$61.000 millones).

Todo esto está acompañado por un superávit fiscal primario que resultó positivo en más de R$100.000 millones en los últimos doce meses; y esto ocurre por tercer año consecutivo.

Brasil ha logrado un extraordinario equilibrio macroeconómico sustentado en la fortaleza de sus cuentas fiscales. Esta es una auténtica novedad histórica.

La razón estructural de este notable fenómeno es que el país experimenta los mejores términos de intercambio de su historia (precio relativo de sus exportaciones vs. precios relativos de sus importaciones), con valores récord de la soja, el trigo, el maíz, el petróleo, y el mineral de hierro, lo que ha desatado un boom extraordinario de recaudación tributaria, acompañado de un auténtico mega superávit comercial.

La consecuencia de este ciclo altamente positivo es que el nivel de reservas del Banco Central superó a US$368.000 millones en mayo de este año, récord histórico absoluto.

Lo asombroso es que precisamente en este momento Lula y el Partido de los Trabajadores (PT) hayan cometido un error estratégico monumental al afirmar que en caso de imponerse en las elecciones presidenciales de octubre van a revertir todas las privatizaciones realizadas en los últimos 3 años por el gobierno de Jair Bolsonaro y su Ministro de Economía Paulo Guedes, comenzando por la de Electrobras.

También señalaron Lula y el PT que van a derogar la reforma constitucional que establece un techo para el gasto público, y que fuera aprobada por una mayoría de más de 70% de las dos cámaras del Congreso hace solo dos años.

El éxito del proceso de privatizaciones, y en primer lugar la victoria rotunda obtenida con la venta de Electrobras, sería imposible sin la previa sanción del techo del gasto público realizado en 2020, y que se ha convertido en la principal ancla fiscal de un país donde la capacidad de gasto es constitutivamente superior a la vocación de pago; y en el que la deuda pública alcanzó a más de 90% del PBI en los últimos 24 meses.

Lo único que mantiene en pie la confianza de los capitales nacionales y extranjeros para continuar invirtiendo en Brasil es el mantenimiento pleno de la reforma del techo constitucional del gasto público; y ahora Lula y el PT se han comprometido a derogar esta reforma esencial si triunfan en las elecciones presidenciales del mes de octubre.

“La historia ciega a los que quiere perder”, sostuvo el joven Marx en los “Cuadernos del Rin” de 1844; y lo notable es que este apotegma del fundador del materialismo histórico haya escapado a la consideración de las mentes más lúcidas del PT como Aloizio Mercadante y otros.

El resultado de esta notable omisión es que ahora la contiende presidencial de octubre entre Lula y Bolsonaro no solo es la más polarizada de la historia de Brasil, con una exclusión completa de los terceros candidatos, sino que además el tremendo error estratégico del PT le ha otorgado un sustento doctrinario, referido al significado de la inversión de capital a la opción excluyente de los comicios de octubre de este año.

Hay una diferencia de entre 6 y 8 puntos según las distintas encuestas a favor de Lula sobre Bolsonaro en los comicios de octubre, pero la disparidad se está reduciendo aceleradamente; y es en este contexto que se ha producido la exitosa privatización de Electrobras, la mayor empresa de electricidad de América Latina.

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