El cepo al dólar que exige Cristina, la falta de control interno y el foco puesto en las maldades empresarias

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En su encendido discurso en el plenario de la CTA, Cristina Kirchner enfocó bien el tema: “Cuando se acaban los dólares comienza la carrera por la devaluación y la brecha”.

Pero no es este específicamente el caso hoy de la Argentina que tendrá este año un récord de exportaciones e ingreso de dólares de la mano de los altos precios internacionales del trigo, el maíz y la soja.

El problema cambiario esencial en estos día radica en que los dólares que ingresan por las exportaciones del campo se van por las elevadas importaciones de energía e importaciones en general. El Banco Central no está pudiendo aumentar el nivel de reservas que, de paso vale mencionarlo, es una de las metas más difíciles de lograr para cumplir el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Para la Vicepresidenta es la falta de dólares generada en su visión por el endeudamiento del gobierno de Mauricio Macri la causa fundamental de la elevada inflación argentina.

En la visión de Cristina Kirchner, la inflación de 60,7% que detenta el país no se debe al déficit fiscal o a la emisión monetaria sino a la falta de dólares aún cuando, como ella misma admite, hoy a la Argentina no le faltan dólares. El problema desde su particular óptica es que los dólares no se quedan en el país porque “se fugan”.

Además la crítica a que los dólares no se quedan en el país (sino fuera así no habría importaciones y la actividad económica caería a pique) la vicepresidenta puso énfasis en cuestionar la “brecha” cambiaria y ubicarla en la formación de los precios, formando parte del foco de las maldades empresarias.

Cristina Kirchner junto a Hugo Yasky y Jorge Ferraresi, en el acto en Avellaneda. Foto Germán García Adrasti

Una de las enseñanzas más difundidas de la economía se resume en lo que los economistas definen como PXQ, siendo la p de precios y la q de cantidades.

La lección siguiente es que un gobierno puede controlar los precios o las cantidades pero termina siendo imposible controlar las dos variables a la vez. El caso más difundido en estos días es el del gasoil: precio controlado y relativamente bajo y escasez.

Un espectáculo dantesco es presenciar la enorme cola de autos paraguayos sobre el puente Encarnación-Posadas que esperan horas para venir a cargar gasoil y nafta a la Argentina (¿alguno traerá un bidón?).

En el caso del dólar oficial atrasado o relativamente barato la historia es conocida: quien tiene pesos o debe comprar productos o partes en el exterior intenta hacerlo por el mercado oficial.

La “represión financiera” como la llama la economista Marina Dall Poggetto, siempre genera dobles o triples mercados como en el gasoil o el dólar.

La brecha cambiaria genera las tentaciones de subvaluar exportaciones en el intento de dejar “dólares libres” afuera del país o de sobrevaluar importaciones buscando el mismo resultado.

Pero la clave está en el cepo. ¿Hay que acordarse de cuando Alberto Fernández decía que el cepo es una puerta giratoria que si una piedra lo frena impide que los dólares salgan pero también que entren?

A la vicepresidenta ese argumento no le va y pasó al ataque: pidió más controles de Producción, de la AFIP y de la Aduana con lo que, en caso de concretarse había que esperar un aumento de los pedidos de importación a lo que se perfila como un endurecimiento fuerte del cepo.

Tal vez se asista a un tándem Alberto Fernández-Daniel Scioli ponerse al frente de la táctica exigida por otro tándem: Cristina Kirchner-Axel Kicillof. El gobernador recibió varias palmadas de aprobación de su jefa.

La política de endurecer el cepo, en el caso de que se imponga la visión de la vicepresidenta, es obvio que busca evitar una devaluación del peso que dispararía un nuevo salto inflacionario.

La economía bimonetaria

Más allá de que Cristina Kirchner intenta echarle toda la culpa al anterior gobierno y despotrique contra los funcionarios que no funcionan, el dólar “contado con liquidación” subió de $ 210 a $ 240 en las últimas semanas llevando la brecha a casi 100% y dejando en claro que la desconfianza en que el gobierno pueda equilibrar las variables económicas clave está activa y alerta.

Lo que faltó en el concepto de economía bimonetaria es el rol de los pesos que abundan pero que no encuentran la forma de cubrirse de una inflación galopante a pesar de que el Banco Central viene desde hace meses haciendo subir al dólar oficial por debajo del aumento del costo de vida.

Tal vez los nueve defaults que dispusieron gobiernos argentinos, la idea que sea el Estado y no la inversión productiva el motor de la economía y una inflación lacerante para el bolsillo de la gente que, con suerte, tiene trabajo llegan a explicar la falta de confianza en un peso que perdió trece ceros en los últimos años. Y que la falta de un diagnóstico eficiente desembocó en una economía bimonetaria que, una vez más, parece destinada a ser tratada con instrumentos que ya demostraron su fracaso aún cuando puedan prolongar la llegada del final.

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